Una historia de Pedro Hormazábal Aguilera
Nuestra labor como periodistas estaba completa, entrevista, apreciación del lugar, imágenes e información relevante para comprender la “Corporación Nuestro Hogar”. Sin embargo, la fría noche caía y la labor social se comenzaba a activar con la “Ruta Calle” de alimentos.
Nos vimos asombrados con la llegada de distintos alimentos y personas que venían a devolverle una mano a la “Corporación Nuestra Casa”, muchos de ellos ex residentes de la sede en Barrio Yungay, frente a la casa del Presidente Gabriel Boric. Allí, a pesar del resguardo policial, se reunían a colaborar en la “Ruta Calle” cerca de 15 personas, y en particular 2 de ellas que saldaban cuentas con la vida, ya que fueron ayudados en un pasado, entregaban ayuda y luz en el crudo anochecer que vivieron tantas veces.
Se encontraban dos caballeros, uno de aproximadamente 50 años y otro que bordeaba los 40 años. El mayor era un poco más cálido y preparaba los panes con manjar, pensando y narrando su pasado junto a nosotros y humanizaba a los marginados por el prejuicio que existe de la sociedad hacia la calle. El otro, muy correcto, mucho más serio, que parecía que nada le causaba gracia, pero ayudaba incansablemente.
Con tantas manos ayudando fue veloz hacer los 50 panes con manjar, sumado a que estaba preparado el café nos pusimos en marcha junto a la compañía de estos caballeros, yo y mis compañeros ya entendíamos su lucha, ellos habían vencido la marginación, la droga, y vivir en situación de calle, llevaban más de un año en “Corporación Nuestro Hogar” y ya estaban como residentes en la etapa más avanzada donde comparten con otro compañero un hogar.
Entre cortes de pan, sacar manjar y esparcirlo en unos contundentes panes el más cercano de los sujetos nos hablaba de lo importante que es esta ayuda para él, entendía que es algo que supera toda clase de discriminación, la calle puede tocarte sin importar tu estabilidad económica, familia, raza, género, etc. A él le tocó aprenderlo por experiencia propia; con formación universitaria se vio envuelto en la falta de un techo y abrigo por culpa de la droga, malas decisiones que reconoce haber tomado en un pasado.
El caballero más joven nos pidió acompañarle mientras hacíamos paradas en cada “ruco” donde las personas en situación de calle dormían y pasaban la helada que caía por esas horas. Nos acercábamos acompañados de este caballero, y en ese momento, desde una bondad increíble, les hacía saber que llegaba una merienda para apaciguar la voraz hambre que provoca vivir en aquellas condiciones.
Los que recibían la ayuda celebraban la presencia de la “Corporación Nuestro Hogar”, se escuchaba de parte de algunos de los beneficiarios de la “Ruta Calle” decir; “los cabros nos salvaron la noche”. En los alrededores del Hospital San Juan de Dios vi la presencia de ese espíritu bondadoso que profesan muchas religiones, vi como un hermano de la calle le prestaba ayuda a otro. Vi también como al primer sorbo de un café caliente renacían las ganas de seguir luchando contra las adversidades que enfrentan aquellas personas que se encuentran en situación de calle. Esa noche, conocí a dos caballeros haciendo pan, pero este no era cualquier pan, sino que era, pan con manjar.


