Una historia de Mateo Galleguillos Cordero
En Aves del paraíso, calle de la gran comuna de Maipú, se ubica la “Capilla San Bonifacio”, al frente de la “Plaza de los Palos”, sitio de pastos verdes y hermosas casas, concurrido y adornado con niños jugando en los columpios y perros de buen pedigrí siendo paseados por sus amos.
Al lado de la iglesia, al frente de los baños, se sitúa una cocina, una cocina diferente a las demás, ya que en esa cocina, hay más de veinte años de historia de una fundación que supo observar y detectar, fuera de los bellos hogares del sector, la pobreza escondida que vive la fría ciudad. Todos observamos, pero esa cocina no se quedó ahí, ya que se dedican fervorosamente, hace más de dos décadas, a dignificar a las personas en situación de calle.
Esta fundación es «Misioneros Cristo de la Calle» o «la marea roja solidaria», llamados por los vecinos del sector por sus míticos polerones color rojo amor. Fundado por Elisa Vergara hace 25 años, que siempre dedicó, a través de sus «rutas del amor», en entregar alimentos, ropajes y compañía a las personas en situación de calle. Desde el paradero nueve de pajaritos de la comuna de Maipú, pasando por la Alameda en Santiago Centro hasta el hospital “San Juan de Dios”, en Quinta Normal.
El compromiso social y el corazón es lo que mueve a «Misioneros Cristo de la Calle» a seguir adelante, tanto que ni las heladas de julio, ni las altas temperaturas de enero los frenan. Hasta logran gambetear a las autoridades en momentos de crisis para cumplir su cometido. En pandemia, aquel grupo completo salió en bicicleta para acompañar y arropar a las personas en situación de calle.
En este instante, gracias al esfuerzo, el trabajo duro y la dedicación por sus ventas en la “tiendita del amor” en la feria, lograron comprar un furgón para llevar sus grandes ollas de alimentos, té, café, empanadas, sopaipillas y ropajes para ayudar a las personas abandonadas por la sociedad.
Antes de partir, todos se toman de las manos, frente a la cruz de Cristo. Su Cristo se encuentra en aquella plaza. Ahí oran que Dios les siga entregando fuerza, amor y pasión para brindar un grano de arena en una problemática que se ve que los grandes organismos del estado no les preocupa.
Después de obtener la fuerza necesaria para enfrentar el frío de julio, los “Misioneros Cristo de la Calle” salen en caravana para dar ayuda a las personas que están en situación de calle. De la parada nueve de Pajaritos hasta Plaza Maipú, es donde cruzan la carretera. Allí encuentran un “ruco”, prenden los intermitentes en señal de detención y toda aquella familia se baja del furgón para ir en búsqueda de la persona que guarece en el «ruco». Entre «Misioneros Cristo de la Calle” y las personas en situación de calle hay una confianza que se prevé que viene de años. Cualquiera pensaría que son amigos de toda la vida, ya se conocen sus personalidades, sus «mañas» y su forma de actuar.
Ya en Plaza Maipú, continúan buscando a personas en situación de calle para que puedan comer: «Gracias, tía», «Está riquísimo» o «¿Se puede repetir?», son las frases que más se escuchan. Y el único “pago” que necesitan «Misioneros Cristo de la Calle» es una cara de alegría y de calidez para continuar en aquella ruta hasta la comuna de Providencia.
¿Qué mueve a estos misioneros? Con un equipo formado también por una niña de aproximadamente 12 años, hermana de un bebé con apenas meses de vida y enfrentándose también a un frío abrumante, ¿por qué se desplazan de comuna en comuna para ayudar a las personas más necesitadas? Será, ¿Cristo? Será, ¿Labor social? Aún no lo sé. Pero lo que sé, es que la familia «Misioneros Cristo de la Calle», merecen ser apoyadas y visibilizadas por todo el bien que hacen, quizás un premio, quizás un cargo público, quizás ser alabados… pero no. Y en realidad no les importa nada de esto, ya que los mueve algo más, algo que solo ellos conocen, algo que secretamente aguardan en el interior de su corazón. Gracias por abrirnos sus puertas, «Misioneros Cristo de la Calle», gracias por la maravillosa experiencia que nos brindaron.


